jueves, 22 de mayo de 2014

AMOR QUE CURA



Amor que cura



Hay hospitales y farmacias, pero no siempre está ahí el remedio para todas las enfermedades. ¿Cuál es el remedio para el desamparo y la orfandad del hombre de nuestra cultura?

Solo el amor de Jesús puede curar, sanar, restaurar el corazón herido del hombre. Y el Amor de Jesús puede curar el desamparo, el sin-sentido y la terrible orfandad del hombre, porque su amor es un amor rigurosamente probado y no ha sido vencido por el mal, ni por la muerte. El amor de Jesús es el amor de Dios siempre nuevo que dura, más fuerte que la infidelidad y el rechazo, más fuerte que el mal y que la muerte. ‘En sus llagas somos curados’ dicen los Escritos Sagrados de la Biblia, hablando de las heridas que Jesús lleva en su manos, en sus pies y en su corazón. A Jesús podemos ir con confianza para sanar las relaciones rotas con Dios y con la gente, a él podemos ir para fortalecer el corazón y hacerlo capaz del perdón y de la caridad.

Fuimos especialmente a Jesús resucitado cuando sobre nuestra cabeza se derramó el agua del Bautismo, y recibimos la unción del Santo Crisma. Vamos a Jesús resucitado cuando escuchamos o leemos los Escritos Sagrados, vamos a Jesús resucitado cuando miramos las imágenes y pinturas de Jesús y los misterios de su vida entre nosotros, y cuando le rezamos a él, a su Madre, o a los santos.
Vamos a Jesús resucitado en el sacramento de la Reconciliación, para recibir el perdón de los pecados. Vamos a Jesús resucitado en el Sagrario de los templos y santuarios cristianos y en la Sagrada Comunión. Vamos a Jesús resucitado en los hermanos de comunidad y vamos a Jesús en los pobres y en los más débiles y necesitados

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